Miedos y Valentías

Yo siempre le tuve miedo a los perros.

A mis 8 años le daba vueltas y más vueltas al pino de uno de los vecinos de la cuadra, cuando iba camino a la casa de mi mejor amiga.  Lloraba del susto y corría alrededor del inmenso árbol, mientras miraba cómo detrás de mí también daba vueltas el pastor alemán gigante que me ladraba sin parar.  Grité y grité desconsolada llorando y mirando hacia atrás al perro furioso que me perseguía, hasta que de la nada se escuchó un silbido y el perro desapareció. 

Tampoco olvidaré los innumerables perros que sentía que estaban en la cuadra siguiente y me paralizaba de miedo caminando para el colegio, y me quedaba llorando plantada en la acera, esperando que aparecieran.  Los perros de un restaurante en la Laguna de Unare venían corriendo y me rodeaban y yo me moría del susto y en mi inocencia y terror les lanzaba comida lejos, creyendo que de esa manera se irían, y en menos de lo que canta un gallo los tenía a todos de nuevo a mi alrededor. Comenzaba a llorar y me guindaba de la camisa de mi mamá o de mi papá (el que estuviera más cerca) y les suplicaba que se llevaran a los perros.  

Mi papá me llevaba todos los fines de semanas a ver los cachorritos en el Parque Los Caobos.  Los veía de lejos y poco a poco me fui atreviendo a tocarlos mientras el señor los sostenía en sus brazos.  Así fue durante muchos años. Recuerdo el día cuando cumplí 15 años, cuando fuimos al Parque Los Caobos y mi papá me preguntó si quería que me regalara un perrito.  Como una fuerza imparable salió un "Sí" de mi boca y cuando me vi, estaba en el carro con una perrita hermosa, peludita y redondita sentada en mis piernas camino a casa.  Aún le tenía un poco de miedo y ya en casa, cuando me asustaba, yo salía corriendo y subía la escalera... como ella era bebé aún no sabía cómo subir las escaleras y me lloraba desde abajo... hasta que llegó el día en que lo intentó y pudo y corrió detrás de mí y me mordía los tobillos... Así con el tiempo y su amor perruno, poco a poco ese miedo se fue convirtiendo en amor, en un amor que le abrió las puertas a otros perros con los que compartido mi vida, y me han acompañado y enseñado su amor incondicional.

Estas imágenes me vinieron a la memoria hoy después de curar una escara que le salió a mi mamá, uno de mis mayores miedos desde que mi mamá está postrada en cama con Alzheimer. 

Desde hace mucho, he tenido la creencia de que soy miedosa, quizá por mis memorias de mis miedos de niña.  Además de mi pánico por los perros, también sentía terror por los gatos… Y qué decir de mi miedo por las heridas, las cicatrices, los ancianatos, la enfermedad y la vejez. 

Hoy, cuando terminé de curar a mi mamá me di cuenta que esa mi niña que tanto miedo le tenía a los perros, había logrado superar su miedo.

Y vi a mi niña que se asustaba cuando veía la cicatriz que mi abuelo tenía en el pie, y la vi tan crecida, tan madura hoy curando esa escara, con tanta calma y paciencia que me sentí orgullosa y al mismo tiempo enternecida, consciente de que a diferencia de lo que he creído durante años, ésta mi niña, es muy valiente al afrontar su miedo a los perros, a los gatos, a las heridas a los ancianatos, la enfermedad y la vejez. 

Ahora mi película de lo que creía era mi niña miedosa, se ha transformado en mi película de mi camino hacia la valentía, y la celebro desde lo más profundo de mi corazón y se me quita un peso de encima al darme cuenta que soy una mujer valiente.

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Comentarios

  1. Gracias por compartir tus experiencias, me gusta leerte!

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  2. Que bella mi Leo. Que difícil es crecer verdad,? A mi todavía me matan algunos miedos...

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