Te Amo al Infinito

Hoy llueve a cántaros y estoy sentanda en la cocina escuchando el sonido del agua que cae del techo y golpea contra el piso de la terraza.

En estos momentos, con la lluvia, estaría mi querida Lucía aquí adentro conmigo, o llamándome para que le abriera la puerta.
A Lucía no le gustaba la lluvia. No le gustaba mojarse las patas y además le tenía miedo a los truenos, aún cuando desde chiquita hice lo posible porque no se asustara.
Cuánto te extraño mi gordita. Qué grande se me ha hecho la casa y qué largos los días.
Sé que estás bien mi corazón. Lo siento desde lo más profundo de mi ser, pero igual te extraño cada vez que veo la puerta de la cocina cerrada y me quedo esperando que me llames para que te abra.
Te extraño cada vez que escucho los pajaritos con quienes compartías tu comida. Ahora son ellos los que me llaman cuando se termina la comida que les pongo. Aprendieron de ti.
Te extraño cada vez que abro la puerta de la casa y veo el sofá de frente donde te acostabas los últimos tiempos y que a pesar de que se había salvado durante trece años de que rompieras los cojines por tu gusto por las telas, en estos últimos meses yo me hice la loca y te dejé que disfrutaras escarbar el sofá.
Extraño comer arepa contigo. Recién ayer hice mi primera arepita para mí sola y no me supo igual.
Extraño hacerte la comida y compartir la mía contigo.
Extraño limpiar la terraza y que justo al terminar fueras e hicieras pupucito como para sentir que ése era tu espacio, como efectivamente lo era.
Extraño cómo asomabas la cabeza por la cortina de la ducha cuando me estaba bañando y tu forma de restregarte y arrecostarte contra mi cama.
Extraño llegar a la casa y no verte asomada desde arriba, saludarme y estar pendiente y avisarme si venía alguien por la calle.
Extraño tu sonrisa amplia y tu olor que siempre me gustó, hasta el último momento.
Ay mi querida Lucía sé que estás bien y contenta y ése es mi gran consuelo. Te amo al infinito.


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