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Miedos y Valentías

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Yo siempre le tuve miedo a los perros. A mis 8 años le daba vueltas y más vueltas al pino de uno de los vecinos de la cuadra, cuando iba camino a la casa de mi mejor amiga.  Lloraba del susto y corría alrededor del inmenso árbol, mientras miraba cómo detrás de mí también daba vueltas el pastor alemán gigante que me ladraba sin parar.  Grité y grité desconsolada llorando y mirando hacia atrás al perro furioso que me perseguía, hasta que de la nada se escuchó un silbido y el perro desapareció.  Tampoco olvidaré los innumerables perros que sentía que estaban en la cuadra siguiente y me paralizaba de miedo caminando para el colegio, y me quedaba llorando plantada en la acera, esperando que aparecieran.  Los perros de un restaurante en la Laguna de Unare venían corriendo y me rodeaban y yo me moría del susto y en mi inocencia y terror les lanzaba comida lejos, creyendo que de esa manera se irían, y en menos de lo que canta un gallo los tenía a todos de nuevo a mi alre...

Algunas Formas de Manejar los Pensamientos Obsesivos

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Los pensamientos repetitivos y obsesivos son como una vaca rumiando todo el día.    Están directamente relacionados con el estrés y la ansiedad.   A veces se convierten en un círculo vicioso: la ansiedad puede activar los pensamientos obsesivos y éstos a su vez nos generan más ansiedad.   ¿Qué son los pensamientos obsesivos? Los pensamientos repetitivos u obsesivos son  pensamientos centrados en una única idea, a la que le dan vueltas durante largos periodos de tiempo.   Aparecen de pronto, interrumpen otros hilos de pensamiento y no podemos deshacernos de ellos. Su contenido suele ser intimidante, catastrófico y nos generan miedo.   Es importante tener en cuenta que a veces los pensamientos obsesivos son un síntoma de una enfermedad como el Trastorno Obsesivo Compulsivo, en cuyo caso es necesario buscar ayuda profesional. Pueden estar relacionados con diferentes aspectos de nuestra vida, como por ejemplo algún tema pendiente en el trabajo. ...

Te Amo al Infinito

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Hoy llueve a cántaros y estoy sentanda en la cocina escuchando el sonido del agua que cae del techo y golpea contra el piso de la terraza. En estos momentos, con la lluvia, estaría mi querida Lucía aquí adentro conmigo, o llamándome para que le abriera la puerta. A Lucía no le gustaba la lluvia. No le gustaba mojarse las patas y además le tenía miedo a los truenos, aún cuando desde chiquita hice lo posible porque no se asustara. Cuánto te extraño mi gordita. Qué grande se me ha hecho la casa y qué largos los días. Sé que estás bien mi corazón. Lo siento desde lo más profundo de mi ser, pero igual te extraño cada vez que veo la puerta de la cocina cerrada y me quedo esperando que me llames para que te abra. Te extraño cada vez que escucho los pajaritos con quienes compartías tu comida. Ahora son ellos los que me llaman cuando se termina la comida que les pongo. Aprendieron de ti. Te extraño cada vez que abro la puerta de la casa y veo el sofá de frente donde te acostabas los...

Sobrellevar el Dolor por la Pérdida

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Es sábado.   Hace cinco días que mi perruna Lucía, mi compañera de vida desde hacía 13 años, dejó su cuerpo. Han sido unos días duros, muy tristes para mí.   Siento el vacío que ha quedado en la casa, en mi corazón cada vez que voy a hacer algo y no está (aunque siento su energía y su mirada como si estuviera a mi lado).   Hoy cuando llegué de comprar la comida para Carmencita mi gata, automáticamente miré hacia arriba a la terraza esperando que Lucía asomara su carita por los balaústres. Por supuesto no estaba y sentí un vacío que no me cupo en el cuerpo. Su ausencia me ha removido el recuerdo de cuando mi papá dejó su cuerpo hace 45 años y dejé de hacer muchas cosas porque no sabía cómo manejar ese vacío.   Recuerdo que pasó un tiempo antes de que pudiera ir a una librería.   Era una actividad que compartía con él y sentía que lo estaba traicionando al ir sola y disfrutar viendo los libros. Yo era muy joven.   Sólo tenía 17 años y era la primera vez e...

Fortaleza Interna

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  Este yantra comenzó como una forma de abrirle camino a mi querida Lucía (mi perruna boxer) para que encontrara su camino de vuelta a casa después de dejar su cuerpo. Una vez identificada mi intención, primero dibujé la estructura interna, la de los triángulos y luego comencé a colorear. Yo tenía en mente una yantra completamente distinto ya que quería que fuera con azules.       Lo primero que pinté fueron los triángulos naranja. Siempre he sentido que el naranja es un color que me conecta con la alegría y el placer y Lucía y yo compartíamos esa energía. Hasta ahi, todo bien. Los triángulos que ves en verde, quería que fueran azules. Probé con todo tipo de azul y el yantra no me los aceptaba. Cuando eso ocurre, mis manos sienten la resistencia y no puedo pintar. Decidí entonces abrirme a probar otro color. En cuanto probé el primer verde, la resistencia en mis manos cedió, y supe que ése era el color.     Con el fondo ocurrió algo similar. El úni...

Podar y Sembrar

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Venía pensando en pintar un yantra. Lo comencé está mañana. Dibujar un yantra. Dibujar un yantra para mí es una experiencia de respiración.  No comprendo a cabalidad lo que sucede pero hoy lo relacioné con el dar y recibir en la meditación Tonglen.  Voy a comenzar a colorear en el ancianato por la noche, luego del día de labor atendiendo a mi mamá.  Me di cuenta de que aunque mida siempre habrá una "imperfección" y esta vez estoy sintiendo que esa imperfección es justamente lo que lo hace perfecto y único.  Mi querida Lucía, este yantra está inspirado por ti y dedicado a ti y a todos los seres que estén en su viaje hacia la luz de la Divinidad.  Todo y todos estamos entrelazados.  La vida en todas sus dimensiones es una obra de arte en progreso.  No puedo evitar llorar.  Hay algo que Lucía me está diciendo directo a mi corazón: Poda y Siembra.   Aún no comprendo la totalidad d el alcance profundo de este mensaje. Siento que es inmenso. A...

Más Allá del Dolor

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Está por amanecer.   Aún está oscuro afuera.   Escucho los pajaritos recién levantándose y comenzando su conversación mañanera.   Me quedo en la cama escuchando.   Al rato me levanto y voy a la cocina.   Muevo la silla con cuidado para que Lucía no se despierte y apenas lo hago tomo conciencia de que no está.   Se me arruga el corazón.   No quiero abrir la puerta de la cocina que da para el porche para no sentir aún más la ausencia de Lucía.   Siento un nudo en el estómago.   Quiero hacer un cafecito y me doy cuenta de que hoy no está Lucía velando el guayoyo que tanto le gustaba, al punto de llorar, desde el primer día que llegó a casa con sus apenas cinco semanas.   Nunca le di para no hacerle daño, pero ella no perdía las esperanzas de que algún día yo flaqueara y le diera un poquito de guayoyo.    Se cuela el café y al primer sorbo me doy cuenta de que no me sabe igual.    Lo dejo allí. Observo la comida est...