Miedos y Valentías
Yo siempre le tuve miedo a los perros. A mis 8 años le daba vueltas y más vueltas al pino de uno de los vecinos de la cuadra, cuando iba camino a la casa de mi mejor amiga. Lloraba del susto y corría alrededor del inmenso árbol, mientras miraba cómo detrás de mí también daba vueltas el pastor alemán gigante que me ladraba sin parar. Grité y grité desconsolada llorando y mirando hacia atrás al perro furioso que me perseguía, hasta que de la nada se escuchó un silbido y el perro desapareció. Tampoco olvidaré los innumerables perros que sentía que estaban en la cuadra siguiente y me paralizaba de miedo caminando para el colegio, y me quedaba llorando plantada en la acera, esperando que aparecieran. Los perros de un restaurante en la Laguna de Unare venían corriendo y me rodeaban y yo me moría del susto y en mi inocencia y terror les lanzaba comida lejos, creyendo que de esa manera se irían, y en menos de lo que canta un gallo los tenía a todos de nuevo a mi alre...